jueves, 4 de febrero de 2016

Vol-ver

Crónicas Peatonales
Columnista: Ricardo Robles

Por su temple el paseante
es siempre sospechoso.
No tiene rumbo
escruta
vuelve al mismo lugar
con pisadas de gato carterista.

Luigi Amara

Hora: Clareando
Lugar: Cocula, Jalisco


(Me es difícil recordar fechas, los años se me enredan, tan solo leer cantidades numéricas me es difícil, si los números se repiten me produce una sensación de borrachera. No sé ese idioma. Recuerdo mejor las muecas, los timbres de voz, los ademanes, las frases y los rostros.)

Paso redoblado. Salgo del calor del mercado. Ya clareó pero cala el frío en los labios. El atrio de la catedral está lleno de bicicletas: cuento veintiocho en el bici-puerto, además de las que están recargadas en el cancel de la parroquia. Quiero vivir en un pueblo bicicletero, a vuelta de rueda. Mis pasos van más de prisa, me detuve demasiado en el primer cuadro, ya no me hace sombra la torre del campanario. Le sigo. No me acuerdo para dónde debo de ir, Norte o Sur, para allá o para acá. Camino la calle tantito y dudo, me alejo del primer cuadro sin estar seguro, sin recordar. Echo para atrás, vuelvo a la plaza central. Me imagino las calles sin pavimento, empedradas, resbalosas de rocío. Me inquieta la hora, me faltan cuadras pero no sé para dónde. Me doy por vencido: Ya no llegué. Sigo mis pasos. Me regreso media casa. Veo la puerta. Se me abren los ojos. Apenas toco la superficie, sus remaches escurridos; le miro las arrugas, la aldaba manoseada, el color de la madera. Es igual, dije primero. Es la misma, después. Di un paso atrás y al fotografiarla fue volver a verla. Se me detuvo el tiempo, di otro paso atrás y tomé otra foto.



Mi madre le compró a mi papá una cámara digital porque era lo nuevo y que se podían tomar cientos de fotos. Todas las fotos digitales que ha tomado mi padre están impresas y se guardan en el librero que llamamos el mueble de la tele. Me dijo: Ahí muévele tú a la cámara, yo no le entiendo mucho todavía. Esa fue la segunda cámara digital que usé, ésta era un poquito más mía que la anterior. La estrené esa vez, tomé fotos a la catedral, de mis padres tomados de la mano caminando en el atrio, el cielo azul clarito, y a esa puerta. Todavía no había La Exquisita Ignorancia; ni Peatón, ni las crónicas; menos La Llave del Picaporte o Flickr. Era una tercera parte menos de mí. Era enero del 2006 –me quedé con la idea de que aquel lugar era Teocaltiche. En enero del 2016 me reencontré con esa puerta: una sorpresa abrumadora de principio. Uno nunca pasa dos veces por la misma calle aunque vuelva al mismo lugar. La contemplé por mucho tiempo y me pregunté por lo que había sido de mí en diez años. Nada. Todo. ¿A dónde he ido? ¿Qué hay de mis remaches y arrugas? ¿Y la plaza central? Ya no me hace sombra el campanario. ¿Norte? ¿Sur? Me faltan cuadras. Sigo mis pasos. Se me abren los ojos.



12 comentarios:

  1. Gracias por esta nueva aventura, a través de tus letras.Me dejaste parada frente a la puerta, observandola y cuestionandome de mi recorrido de los últimos 10años.

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  2. Te felicitó,excelente forma de llevar de la mano,una crónica.

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  3. Gracias, te felicito por este don que Dios te ha regalado y compartirlo con nosotros

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  4. Excelente crónica, felicidades x esa habilidad k tienes de transportarme a tu historia. Todo el tiempo estuve ahí, a tu lado. Wow!.. Me transportas!! Amo leer tus historias. Éxito.

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  5. Excelente crónica, felicidades x esa habilidad k tienes de transportarme a tu historia. Todo el tiempo estuve ahí, a tu lado. Wow!.. Me transportas!! Amo leer tus historias. Éxito.

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  6. Lo que puede hacer una cámara: lanzarte en búsqueda de un objeto y enfocarlo, guardarlo y así recordar tus caricias sobre él, su piel... Buena descripción de percepciones subjetivas!

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